Con frecuencia olvidamos el propósito del, (como su nombre lo indica), Refuerzo Sonoro. El refuerzo sonoro es precisamente dar, por medio de sistemas electrónicos y transductores, mayor nivel de SPL a fuentes sonoras que son insuficientes por sí mismas para generar niveles apropiados para llegar a todo un auditorio, en recintos medianos, grandes o al aire libre.

Al momento de iniciar con el evento en vivo, ya tenemos todos nuestros instrumentos en escenario conectados a nuestra consola, al igual que los micrófonos de las voces e instrumentos que no son por salida directa de señal de audio, y por alguna extraña lógica, empezamos a dar nivel de salida a los altavoces y a todos los instrumentos que tenemos en entradas.

Es común ecualizar y dar nivel inicialmente con la batería, por lo que buscamos que cada tambor suene impactante a través de los altavoces. Esto normalmente se realiza sin tomar en cuenta las propiedades del instrumento, principalmente su “Sonoridad” y en segundo lugar, pero no menos importante, las condiciones acústicas del recinto.

Definamos Sonoridad en el audio, como la propiedad de frecuencias y duración de una fuente sonora para ser detectada con mayor facilidad por el oído humano. Una fuente sonora con frecuencias graves y cortas será mucho menos sonoro que una fuente con propiedades de frecuencias altas y duraciones mayores. Un bombo será menos sonoro que un bajo, una voz será menos sonora que una guitarra eléctrica con saturación. Partiendo de estas propiedades de cada instrumento, seguimos con el refuerzo acústico que permite el recinto, en caso de no encontrarnos al aire libre por completo.

Tomemos de ejemplo la tarola, la cual suele ser el tambor con mayor sonoridad en una batería, tanto por las propiedades de tamaño de tambor y por la gran aportación frecuencial de las cadenas en la parte inferior, característico de este instrumento.

La tarola llega a niveles de 100 dB SPL por un golpe, siendo este ya un nivel considerable. Por lo regular en los salones de eventos con los que no se cuenta con acondicionamientos acústicos apropiados, tenemos materiales altamente reflejantes de sonido como: concreto, yeso, vidrio, mármol, etc. Si el grupo musical o banda está en un escenario donde tenga piso, una pared atrás y techo cercano, debido a las reflexiones inmediatas por la ubicación del instrumento, podemos llegar a crecer hasta 12 dB, por lo que llegaríamos a 112 dB SPL de forma directa, sin siquiera haber tocado el canal donde esta el micrófono correspondiente de la tarola.

Es común en la práctica ni siquiera tomar en cuenta el nivel inicial de los instrumentos con respecto a la sala, automáticamente revisamos el PFL de la consola para ver su nivel de entrada. Sigamos con el mismo ejemplo de la tarola, el cual entra a un nivel operativo a nuestra consola pero tendría que salir con un nivel mayor a los 112 dB a través de los altavoces, ya que menos nivel no tendríamos operatividad en la mezcla que sale por el sistema de audio. Para sentir la diferencia entre el nivel original y el que sale por los altavoces, mínimo subiremos 6 dB más por lo que tendríamos un nivel de 118 dBSPL por instrumento.

Una voz, inicialmente tiene un nivel de 75 a 80 dB, y en un punto inicial de la sonoridad, es mucho menos sonora una voz que una tarola, por ende, de forma natural, la voz queda opacada totalmente por la tarola y al intentar crecerla en la consola, tendríamos que generar un nivel de voz mayor a los 118 dBSPL que se acumuló con la tarola reforzada, lo cual ya es un predicamento y nos lleva a ganancias extremas con niveles que causan retroalimentaciones sin mencionar lo poco eficiente y claridad de la mezcla a estos niveles de SPL.

Como conclusión llegamos a que la tarola no debe ser reforzada en estas condiciones ya que por sí misma cuenta con el nivel suficiente para llegar a todos los lugares de la sala, este instrumento NO NECESITA REFUERZO SONORO, mientras que la voz, es menos sonora que una tarola simplemente por el nivel de SPL que cada uno origina, por lo que sí debe reforzarse para que pueda crecer a unos 100 dBSPL, nivel que ya da de forma inicial la tarola, teniendo las dos fuentes sonoras a un mismo nivel, una natural (Tarola) y la otra con ayuda del refuerzo sonoro (Voz).

De igual forma es analizar cada uno de los instrumentos que tenemos en escenario y en suma con el recinto, decidir de la mejor forma qué instrumento debe reforzarse, por su poca sonoridad como bombo, voz, percusiones, guitarras y teclados por ejemplo, y otros, que se debe evaluar si su nivel ya es suficiente para la sala (Tarolas, platillos, timbales, metales, amplificadores de guitarra y bajo) o sumar tan solo algunos dB, para integrarlos a la mezcla.

Como en toda disciplina, la práctica es la que nos dará las pautas para lograr nuestros objetivos de mezcla.

Artículo escrito por: Ing. Luis García / Desarrollo educativo ITEA

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